Los oficios y su jerga.
La economía de la comarca ha estado siempre vinculada a la explotación forestal. Teniendo en cuenta que del pino -como del cerdo- se aprovecha todo, los oficios que se han ido desarrollando a su sombra son muchos y variados.
Una de estas tareas es la resinación, industria que en España tuvo una granrecipiente
importancia entre finales del siglo XIX y la década de los 70 del XX y que está tratando de recuperar su hueco en el presente.

“Roña, desroñar o sarro” son, en el lenguaje común, palabras poco glamurosas y casi malolientes. En cambio a una persona que se dedicó a este oficio, aunque le recuerden los sinsabores del trabajo, no le harán pensar ni en el utillaje estremecedor del dentista ni en mugre alguna.
Mientras para nosotros la roña es la capita de suciedad que “adorna” algo o a alguien, para los resineros, es la corteza del pino que tienen que levantar para poder empezar con la tarea de resinación. Cuando concluyen esta fase, realizan un corte en el tronco desnudo para que suelte la savia, que se irá depositando poco a poco en un recipiente encajado debajo de la zona abierta.
El sarro es la costra que forman los restos de resina que caen fuera del recipiente y se mezclan con la broza y los trozos de corteza que hay en el suelo. De esta mezcla se obtiene la pez, tras su paso por las “pegueras” (hornos de pez).

En ese proceso, los resineros sí se andan con zarandajas -o serojas-, que son las astillas que quedan tras las sucesivas acometidas al tronco, porque las juntan en la peguera con el sarro y los tocones para conseguir la pez. Con ella impermeabilizaban antaño los barcos y aún hoy las botas de vino.
Antes de que se generalizase el alumbrado eléctrico, también utilizaban las zarandajas como antorchas. Las colocaban sobre la mora o tedero, -un soporte de hierro de aspecto similar a una espumadera- que se colgaba bajo la campana de la chimenea. Hoy las seguimos empleando como encendedores, eficaces y perfumadas.

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